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Heroes Policiales
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HEROES DE LA POLICIA
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SOCRATES MANRIQUE ARBOLEDA SANABRIA CABO SEGUNDO DE POLICIA El señor cabo segundo Sócrates Manrique Arboleda Sanabria, nació en la parroquia Bilován del cantón San Miguel, provincia de Bolívar, el 29 de abril de 1954; su instrucción primaria la realizó en la escuela “José Vasconcelos” de Bilován, no continuó con sus estudios secundarios.
El cabo segundo Sócrates Arboleda Sanabria permaneció en servicio activo de la institución policial por 5 años, 2 meses y 15 días; tiempo en el que prestó su contingente en algunas plazas como son: Comando Provincial “Pichincha” No. 1, en 1973; Comando Provincial “Azuay” No. 6, en 1974; Comando Provincial “Bolívar” No. 11, en 1974; Comando Provincial “El Oro” No. 3, en 1975; Comando Provincial “Los Ríos” No. 8, en el Servicio Rural acantonado en la ciudad de Quevedo, en 1976, donde permaneció hasta el 30 de enero de 1978, en que, por disposición del capitán Cisneros y para dar cumplimiento a una boleta de captura girada por el Juez Primero de lo Penal del Chimborazo, se trasladó en compañía del policía César Cayambe al sitio denominado “Agua Limpia” del recinto La Libertad, parroquia La Maná, provincia del Cotopaxi, siendo las 18h45, para proceder a la detención del criminal cuya identidad corresponde a los nombres de Ulbio Palacios Verdesoto. Una vez localizado el domicilio se trasladaron al mismo, donde fueron recibidos por el indicado sujeto, armado de una escopeta de cartuchos calibre 16, y por su mujer de nombre Rita Clemencia Rodríguez, esgrimiendo en sus manos un machete. Los policías en mención, luego de identificarse y solicitarle que se entregue, esperan unos segundos por su respuesta, pero lejos de entregarse se abalanza contra el policía Sócrates Arboleda disparando su escopeta, para impactarle en el costado derecho del abdomen; quien, al sentirse herido, intenta utilizar la carabina de dotación que esos momentos portaba, pero el arma sufre algún desperfecto y no funciona, por lo que el policía Arboleda Sanabria opta por sacar en forma inmediata su revólver y efectuar algunos disparos contra el delincuente Ulbio Palacios, logrando alcanzarle en el pecho y en el brazo, pese a lo cual intentó darse a la fuga, cayendo a unos 30 metros de la casa debido a la gravedad de las heridas. Mientras tanto el policía César Cayambe había procedido a desarmar a la mujer, la misma que había intentado agredirle con el machete que portaba. Inmediatamente el policía Arboleda es trasladado al Policlínico “Proaño”, en la ciudad de Quevedo, donde recibe los primeros auxilios, para luego ser conducido al Hospital General de dicha localidad, en donde se le realiza una intervención quirúrgica, pese a lo cual el día 31 de enero de 1978 y siendo las 12h30, en circunstancias en que era trasladado en una ambulancia a la pista de aterrizaje de la compañía fumigadora ATOMEC, para ser embarcado en una avioneta y trasladado a la ciudad de Quito, fallece debido a la gravedad de sus heridas. El nombre de Sócrates Manrique Arboleda Sanabria, por su heroico y trágico holocausto, se inscribe en la galería del honor policial con indelebles caracteres. En el mes de marzo de 1978, mediante la expedición del pertinente decreto del Consejo Supremo de Gobierno, el nombre del cabo segundo Sócrates Manrique Arboleda Sanabria, fue asignado a la Escuela de Policía Rural ubicada en Las Peñas, cercana a Babahoyo. El texto del mencionado decreto dice: “Considerando que constituye un deber fundamental de los representantes del poder público reconocer el mérito de quienes se hayan esforzado en el cumplimiento del deber como servidores públicos; que la misión encomendada a los miembros de la Policía Nacional origina muchos riesgos y peligros; que en cumplimiento de su misión específica, ofrenda su vida el señor cabo 2do. de Policía Sócrates Manrique Arboleda Sanabria; y en uso de las atribuciones de que se halla investido, decreta: Designase a la Escuela de Policía Rural, cuyo asiento está en el lugar conocido como “Las Peñas”, la denominación de “Cabo Segundo Sócrates Manrique Arboleda Sanabria”. JOSE LIZANDRO HERRERA CALDERON CABO SEGUNDO DE POLICIA José Lizandro Herrera Calderón nació en la parroquia de Puéllaro, cantón Quito, provincia de Pichincha, el 10 de mayo de 1937; hijo de Segundo Joaquín Herrera y Dioselina Calderón. Contrajo matrimonio con doña Zoila Rosa Torres, con quien procreó cinco hijos. Proviene de un hogar humilde, donde sus padres tenían que sustentar a doce hijos; concluye su instrucción primaria en una escuela fiscal de su pueblo natal; y, cuando es mayor de edad, acude al llamado de la Patria para cumplir con el servicio militar obligatorio, que lo realiza en el cantón Huaquillas, provincia de El Oro.
La noche del 21 de noviembre de 1969, junto con sus compañeros de servicio, el policía José Lizandro Herrera Calderón recibió la orden de despejar las vías adyacentes a la Universidad Central, para que el tránsito se desenvolviera normalmente, cuando repentinamente, desde el interior de la Facultad de Jurisprudencia se comenzó a disparar armas de fuego; los disparos aumentaron y varios elementos no identificados y cubiertos el rostro se movieron hacia los árboles cercanos a la entrada de la Facultad. Luego se escucharon varios disparos de armas automáticas y se hicieron detonar tacos de dinamita y bombas molotov contra los miembros policiales, quienes trataban de disuadir a los revoltosos manifestantes utilizando gases. A eso de las 19h25, el policía José Lizandro Herrera, se observa en su pecho la mancha de sangre originada por la entrada de un proyectil, pues había sido alcanzado por los violentos manifestantes. Uno de sus compañeros le escuchó decir “me han herido”. Urgentemente es llevado a uno de los hospitales más cercanos, pero en el camino sólo pudieron comprobar que había fallecido Desde el cuartel del Comando Provincial de Policía “Pichincha” No. 1, el féretro fue trasladado hasta la iglesia de La Merced y posteriormente al cementerio de San Diego, el día 24 de noviembre de 1969; acompañaron a este cortejo fúnebre el Presidente de la República, doctor José María Velasco Ibarra; el Ministro de Gobierno y Policía, Lic. Galo Martínez Merchán; el Ministro de Defensa Nacional, Jorge Acosta Velasco; el Ministro de Previsión Social, Lic. Luis Robles Plaza; el Comandante General de Policía, prefecto comandante Washington Martínez Torres, y altos funcionarios del Gobierno y miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional, en servicio activo y pasivo. Ante este doloroso suceso preguntamos: ¿Es de beneficio para un miembro policial sacrificar su vida con el único afán de servir a la sociedad? ¿Comprendieron que este hombre policía dejó atrás padres, esposa, hijos, compañeros y amigos? Seguramente no. Esta es la dolorosa realidad frente a los hechos nefastos, como el que ocasionó la muerte de este pundonoroso policía. El 21 de febrero de 1978, la Policía Nacional, para inmortalizar su nombre alcanzó del Gobierno de las Fuerzas Armadas, la expedición del correspondiente decreto mediante el cual se asigna a la Escuela de Perfeccionamiento y Capacitación de Clases del Litoral, ubicada en el recinto Fumisa, perteneciente al cantón Buena Fe, provincia de Los Ríos, el nombre de “Cabo Segundo de Policía José Lizandro Herrera Calderón”; perennizando así el nombre de nuestro héroe y convirtiéndolo en el patrono inmortal de ejemplo, valor y sacrificio para todas las promociones de oficiales, clases, policías y aspirantes a policías que han pasado por esta tradicional y gloriosa “Escuela de Fumisa”: templo del saber de la Policía Nacional. JOSE EMILIO CASTILLO SOLIS SARGENTO PRIMERO DE POLICIA José Emilio Castillo Solís, nació en la hermosa ciudad de Esmeraldas, capital de la provincia del mismo nombre, la noche del 10 de noviembre de 1940; hijo de una modesta familia integrada por don José Dimas Castillo y doña Julia Solís. Cuando niño se había destacado entre sus hermanos como el mejor, dotado de una clara inteligencia había logrado terminar con satisfacción la instrucción primaria, en una de las escuelas de la ciudad de Esmeraldas, quedando truncas sus nuevas aspiraciones de proseguir sus estudios secundarios, debido a la precaria situación de sus padres, quienes no pudieron solventar sus estudios. Así, su poca ilustración no fue motivo para quedarse en el camino de tantos, sino que pudo emerger junto a su conciencia en el camino del bien, de la honradez y del aprecio común.
José Emilio estaba consciente de ello y había luchado por ser un policía nacional, y lo iba a lograr en ese mismo mes. Es efectivamente así, porque el 25 de abril de 1962, el Comando General de la Policía Nacional publica su alta como policía; había sido aceptado en las filas de la institución más noble del país, y ese era el puente por el cual habría de caminar hacia lo desconocido. Poco tiempo después contrae matrimonio con la agraciada joven Kelvis Angélica Mejía Castillo, con quien procrea dos niñas: Kelvis Alexandra y María Jacqueline. Transcurren siete largos años de fructífera labor policial y al final de ellos, de ese número siete perfecto y misterioso, el Comando General de la Policía Nacional le concede el primer ascenso. Ha logrado un escalón jerárquico como un caso de excepción; puesto que otros no lo han logrado. Esta fue una de las gratas satisfacciones que imprimieron en su alma nuevos bríos. Su ascenso a cabo segundo se produjo el 25 de octubre de 1969. Y como si ello fuera poco, tres años más tarde, se publica su ascenso a cabo primero. Una razón más que suficiente para acallar a cualquier boca inescrupulosa que critica las acciones y logros de los demás; su ascenso se produce por mérito, conforme reza la ordenanza en su hoja de vida. Esto es evidente, puesto que en reconocimiento a esa trayectoria poco común, como algo inverosímil, un año después, el 30 de abril de 1973, a sus once años de servicio es nuevamente ascendido a sargento segundo. No podemos imaginar cuales eran las virtudes intrínsecas que le habían llevado a ese sitial, pero allí estaba una vez más orgulloso de sí mismo. Bien merecido el particular aplauso de su superiores y compañeros, que miraron en él a un verdadero servidor del pueblo. Con estos antecedentes lo encontramos ahora prestando sus servicios en el Comando Provincial de Policía “Esmeraldas” No. 14, Servicio Rural. El flamante sargento segundo de policía vuelve a su tierra nativa para forjar su lucha en defensa del hombre del campo. De ese modo llegamos al día 18 de septiembre de 1973. Aquella mañana había salido en compañía de tres policías más hacia las montañas de Lita. Día fatal y negro que contó con el final de sus horas en uno de aquellos parajes. Había recibido la orden de proceder a la captura del peligroso criminal Policarpo Quiñónez Arízala, un fornido hombre de raza negra, que con mucha audacia había sembrado el terror en la región, robando, asesinando, violando y en general siendo el azote de la paz social. El destino, apuesto y arrogante, lo depositó finalmente tras las huellas del temerario delincuente de color; y éste, sintiéndose acorralado cual fiera dentro de su madriguera, sin otra alternativa que la del cobarde, tiende la emboscada a su perseguidor, y oculto en los matorrales espera su llegada. Cuando el sargento Castillo Solís aparece, se encontraba de espaldas a la mira de la escopeta de perdigones, éste descarga toda la furia suya y de su arma contra el valeroso defensor de la ley. Se produce la detonación y José Emilio Castillo cae herido de muerte, y mientras sus compañeros proceden a auxiliarle, el delincuente escapa nuevamente. José Emilio expira asesinado por la espalda por Policarpo Quiñónez Arízala. Por versiones de sus amigos y compañeros, se conoce que días más tarde, con la colaboración decidida de personal del Destacamento Rural de Santo Domingo de los Colorados, el avezado criminal Policarpo Quiñónez Arízala fue detenido en las montañas y llevado posteriormente al Penal García Moreno de Quito, donde fue recluido hasta la llegada de la sentencia que debía cumplir por todos sus crímenes. El 25 de septiembre de 1973, el Comando General de la Policía Nacional hizo un justo reconocimiento a su labor, a su carrera profesional y a su persona misma, concediéndole post mortem el último ascenso al grado de sargento primero de Policía. Y gracias a esa misma preocupación superior, de reconocer el mérito alcanzado por sus hombres, el Gobierno Nacional, mediante decreto supremo de 21 de febrero de 1978, asignó su nombre a la Escuela de Formación para Tropa de Quito, ubicada en aquel año en el recito policial de Pusuquí, como ejemplo para las futuras generaciones. HECTOR GUILLERMO CORDOVEZ OLMEDO
TENIENTE DE CARABINEROS
Héctor Guillermo fue el primero de cuatro hermanos: Héctor, Oswaldo, Grimanesa y Fabián, de los cuales sobrevive a la fecha solamente Oswaldo. La instrucción primaria la recibió en la escuela fiscal “República de Chile”, ingresó al Colegio Nacional Mejía, donde cursó tres años de Contabilidad, hasta 1937. A principios de 1938, en conocimiento de que la institución policial se había militarizado y adoptado el nombre de Fuerzas de Policía, y que se iba a realizar inmediatamente un curso de profesionalización policial para oficiales y aspirantes, el joven Héctor decidió su ingreso, aprovechando las recomendaciones del señor teniente coronel del Ejército Juan Francisco Gallegos Toledo, esposo de su tía, quien a la vez era compañero y muy amigo del general Alberto Enríquez Gallo, Jefe Supremo de la República en ese entonces, y del coronel Federico Gortaire, en ese año Inspector General de las Fuerzas de Policía. El teniente coronel Gallegos Toledo fue designado subdirector y profesor en dicho curso, y días más tarde como director de la naciente Escuela Militar de Carabineros. El 28 de febrero de 1938, el general Alberto Enríquez Gallo decreta la organización del citado Curso de Perfeccionamiento para Oficiales de Policía, en la consideración de que era deber de los Poderes Públicos propender al perfeccionamiento de los miembros de la Policía Nacional, en guarda de la Seguridad y el Orden Público. Este curso debía realizarse en Quito, bajo la dirección técnica del coronel Giacomo Negroni, que presidía la Misión Militar Italiana contratada por el Gobierno Nacional, y el aporte de los restantes oficiales de dicha misión, así como oficiales del Ejército Nacional. Para el efecto fueron convocados como alumnos 4 capitanes, 22 tenientes, 12 subtenientes y 20 aspirantes. Como Jefe del Curso fue designado el capitán Alberto B. Gómez (alumno). El personal de alumnos designados en la jerarquía de aspirantes, según consta en la disposición pertinente, fue: Luis Caicedo Z., Gonzalo H. Yépez, Héctor G. Cordovez, Carlos Caicedo, Alberto Cevallos, Miguel Vallejo, Héctor Andrade Q., Amador Balseca, César Flores, Antonio Guerrero, Carlos García V., César Vargas, Alfonso H. Jurado, Luis Edmundo Nieto, Luis Abraham Cabezas, Francisco Muñoz, Alfonso López Chiriboga, Jorge Humberto Pavón, Octaviano Corella y Neptalí Díaz. El mismo día 28 de enero de 1938, en la orden general de la Inspección General de las Fuerzas de Policía fue publicada el alta de los veinte alumnos Aspirantes, todos los cuales fueron incluidos inmediatamente en el orgánico del Batallón de Policía de Quito, que a esa fecha funcionaba en la esquina de las calles Cuenca y Mideros, en un edificio de construcción colonial perteneciente a la Comunidad Franciscana, que la Policía venía ocupando desde 1852. El Curso de Perfeccionamiento se realizó en el local de la Academia de Guerra del Ejército, ubicado en ese entonces en la avenida Cinco de Junio, en la parte baja que da a la calle Loja, bajo el auspicio del Ministerio de Defensa. Curso que es también conocido como de “Andinos”, por haberse cumplido justamente con personal militar de la rama de andinos del ejército ecuatoriano. Luego de efectuar el curso por el lapso de diez meses, mediante decreto de 23 de noviembre de 1938 suscrito por el Presidente Interino don Manuel María Borrero, y a petición de los ministros de Defensa Nacional y de Gobierno y Policía, por su preparación, buenas condiciones y aptitudes, se concedieron despachos de Subtenientes de Carabineros de la República a 16 aspirantes, mencionándose que las destinaciones respectivas se harían posteriormente. Héctor Cordovez ocupaba la décima antigüedad. Y efectivamente, mediante decreto de 24 de los mismos mes y año, los aspirantes ascendidos fueron destinados a las diferentes reparticiones del Cuerpo de Carabineros (Institución formada el 8 de julio de 1938 en sustitución de las Fuerzas de Policía). El subteniente de Carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo fue designado a prestar sus servicios en el Batallón de Carabineros “Guayaquil”, juntamente con cinco compañeros de promoción. El 13 de marzo de 1939, mediante decreto del Presidente Aurelio Mosquera Narváez, el subteniente Héctor Cordovez Olmedo es dado el pase al Batallón de Carabineros “Quito”. Y a pedido del Comandante General de Carabineros, el 13 de julio del mismo año es dado el pase a la Compañía de Carabineros “Loja” No. 8. El 7 de septiembre de 1939 es colocado en disponibilidad, supuestamente por haber abandonado la plaza de Loja sin previa autorización de la superioridad, dejando de constar en dicho Cuerpo. Cumplidos los seis meses en esta situación, mediante decreto del Presidente Encargado Andrés F. Córdova es dado de baja con fecha 4 de abril de 1940. El 9 de septiembre de 1940, habiéndose iniciado el período presidencial del Dr. Carlos Arroyo del Río, el subteniente Héctor Cordovez Olmedo es llamado al servicio activo del Cuerpo de Carabineros con la misma jerarquía, destinándosele al Batallón de Carabineros “Quito” No. 1, donde permanece hasta el 26 de mayo de 1941 en que es trasladado por disposición superior al Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2. Cuando el subteniente Héctor Cordovez prestaba sus servicios en el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2, fue enviado a realizar la captura de un avezado criminal que se encontraba en un local de diversión nocturna denominado “Quinta Pareja”, ubicado en las calles General Córdova y Francisco de P. Icaza del puerto principal. El antisocial, al notar la presencia de uniformados en el lugar, había abierto fuego con una escopeta, impactando la mayor parte de su descarga sobre la humanidad del referido oficial, en la zona toráxica; quien, al sentirse herido y sobre todo agredido criminalmente, había reaccionado con arrojo y coraje, vaciando sobre el agresor la carga de su arma de dotación. El impacto del escopetazo felizmente no fue mortal ni causó heridas de consideración; no obstante, los perdigones del disparo los conservaría permanentemente en la región afectada. El delincuente tampoco murió, pero una vez atendido médicamente y restablecido de sus heridas fue enviado a la cárcel. Otro acontecimiento de naturaleza policial sucedió cuando prestaba sus servicios en el Batallón de Carabineros “Quito” No. 1, concretamente en la Tercera Compañía, la misma que en aquellos años funcionaba en un local de la avenida Diez de Agosto y calle Santiago, frente al parque de El Ejido. En este recinto policial defendió sus instalaciones ante el repentino ataque de una muchedumbre enardecida; incidente que se había originado en el antiguo y tradicional estadio de El Arbolito, en virtud de que un jefe policial de apellido Borja había faltado verbalmente al público presente en un encuentro futbolístico, lo que condujo al populacho a intentar asaltar el Cuartel de Carabineros. Para repeler el ataque los carabineros abrieron fuego causando algunos heridos, pero definitivamente salieron airosos en la defensa de sus instalaciones, que no sufrieron ningún daño material. Hecho que ocurrió a finales del año 1940, en la época del presidente Carlos Arroyo del Río. Ante la emergencia nacional ocasionada por la invasión peruana, el día 6 de julio de 1941 se dispone la conformación de la Quinta Brigada “Guayas”, la misma que debía integrarse con el Batallón de Infantería “Quito”, el Batallón de Infantería “Sucre”, el Batallón “Carchi”, el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2 y el Escalón de Seguridad, compuesto a su vez por los Batallones “Montecristi” y “Cayambe” del Ejército Nacional y el Batallón de Carabineros “Machala” N. 3, sumando este contingente humano 2.800 hombres. En tal virtud, el día 7 del mismo mes parten desde Guayaquil hacia Puerto Bolívar los integrantes del Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2, en dos vapores alquilados y en el buque aviso “Atahualpa”. Entre los embarcados constaba el subteniente Héctor Cordovez Olmedo, quien luego de su arribo fue destinado en forma inmediata al destacamento militar de Quebrada Seca, en la provincia de El Oro, a órdenes del coronel Octavio Ochoa, comandante militar de dicho sector. Durante el 23 y 24 de julio de 1941 la invasión peruana fue incontenible en el sector de Quebrada Seca, la inferioridad numérica y logística de nuestras tropas fue marcadamente notoria y amargamente trágica. En la defensa de aquel rincón ecuatoriano es cuando Héctor Cordovez se cubre de gloria y muere heroicamente. Lamentablemente no existe fuente documentada alguna que pueda informarnos al detalle sobre lo que sucedió realmente en aquella desigual confrontación. Al parecer, ante la abrumadora superioridad peruana en el destacamento fronterizo de Quebrada Seca, se produjo una desbandada general de militares y policías ecuatorianos. La última vez que el capitán Cerón vio al subteniente Héctor Cordovez, éste se hallaba en posesión de dos ametralladoras ZB, con las cuales disparaba al enemigo intentando contenerlo y cubriendo la retirada de sus compañeros. No pudo haber resistido en su afán por mucho tiempo. Lo que sucedió entonces nadie lo sabe ni se lo podrá aclarar jamás. ¿Acaso se le agotaron las municiones y fue acorralado por las tropas peruanas? ¿Fue asesinado cobardemente? ¿Murió en pleno combate? Lo cierto es que Héctor Cordovez nunca regresó ni a su plaza ni a su familia. Su cadáver, lastimosamente, nunca fue hallado. Se cree que los invasores lo inhumaron en una fosa común junto con otros caídos en la refriega, tanto ecuatorianos como peruanos. La familia se enteró de su muerte una semana después, por la prensa. El aún no cumplía los veintiún años. Sobre el lugar donde reposan sus restos, se dice que es una pequeña colina ubicada en la parte alta de Quebrada Seca, posiblemente muy cerca del lugar donde se libró el combate de julio de 1941 entre el piquete ecuatoriano que él comandaba y las fuerzas peruanas, ampliamente superiores en número y armamento. El subteniente de carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo fue dado de baja el 9 de agosto de 1941, por haber fallecido en acción de armas en la Frontera Sur, dejando de figurar en el Batallón de Carabineros “Guayaquil” No. 2, al que pertenecía. Posteriormente, mediante decreto de 17 de octubre de 1941, por haber fallecido en las acciones libradas cuando la invasión peruana a nuestro territorio, y por mérito de guerra, fue ascendido post morten al grado de Teniente de Carabineros con la misma fecha de su baja, es decir 9 de agosto de 1941. En la Orden General de la Comandancia General de Policía para el día 22 de julio de 1966, en el programa general elaborado para recordar el XXV aniversario de la invasión peruana, en el cual también debía colocarse la primera piedra del Templete a los Héroes Policiales caídos en 194l, a construirse al interior de la Escuela de Policía ubicada en el Rancho San Vicente, se inserta la nómina de los señores jefes, oficiales y tropa de Carabineros a quienes se debía rendir tributo de admiración y reconocimiento por su actuación durante la campaña de julio y agosto de dicho año, reconocidos oficialmente por la Comisión Investigadora del Ministerio de Defensa Nacional. En la nómina de oficiales, constan siete por “mérito de guerra”, doce por “actuación recomendable” y uno solo “recomendando su memoria por mérito de guerra”, lo que correspondió al teniente de carabineros Héctor Guillermo Cordovez Olmedo. Como homenaje de admiración a este héroe policial y para conservar latente su memoria, en el Templete-Museo del Colegio Militar “Eloy Alfaro” se encuentra una placa recordatoria de lo ocurrido en 1941 en la frontera sur, colocada por el alto mando de la Guarda Civil Nacional; así también en el Temple a los Héroes Policiales, ubicado al interior del Rancho San Vicente, una placa colocada por el Comité Patriótico “Centinelas del Sur”. De igual modo, sendos bustos y placas recordatorios en los Comandos Provinciales de Policía El Oro No. 3 y Chimborazo No. 5, en las ciudades de Machala y Riobamba, respectivamente, y en la Avenida de los Héroes de la Escuela Superior de Policía “General Alberto Enríquez Gallo”, en Quito. Por último, con letras de molde e indeleble mensaje, su nombre lo ostenta el cuartel del Comando Provincial de Policía “Carchi” No.10, en la ciudad de Tulcán. Permanente reconocimiento de la Policía Nacional para Héctor Cordovez Olmedo, como justa demostración de la admiración, respeto y gratitud que le guardan las actuales generaciones policiales, por su singular ejemplo de honor y heroísmo. GALO EDMUNDO MIÑO JARRIN MAYOR DE POLICIA El 6 de febrero de 1953, la ciudad de Guaranda, nace Galo Edmundo, sus padres: el señor Galo Miño, nacido en Latacunga, y la distinguida dama doña Carolina Jarrín, oriunda de Guaranda. Sus hermanos son: Magdalena, Susana, Yolanda, Raquel, Consuelo, María Elena, Fátima, Bernarda, Byron y Marcelo Miño Jarrín. Los estudios primarios los realizó en su ciudad natal en la escuela "Gustavo Lemus", y los secundarios en el colegio "Pedro Carbo" de la ciudad de Guaranda. Se graduó de bachiller en Humanidades Modernas en el año 1970.
Con decreto de 5 de enero de 1978, es ascendido al grado de teniente de Policía de Línea; y, el 1 de septiembre de 1982, por igual vía al grado de capitán de Policía de Línea. El mayor Galo Miño fue siempre un destacado deportista, se había coronado como Campeón Nacional en su deporte favorito. En 1983 fue denominado como el mejor deportista de Pichincha y el mejor deportista Amateur, por lo que la Policía Nacional le publicó una felicitación en la Orden General del 4 de enero de 1984. En el año 1977, nuestro país frente al avance de la delincuencia se vio en la necesidad de extremar esfuerzos para detener la ola de actos delincuenciales y subversivos que debilitaban peligrosamente la seguridad interna. En abril de 1984 fue designado a integrar el Grupo de Fuerzas Especiales de la Policía Nacional. Hasta el día de su muerte participó en numerosas operaciones policiales de combate a las organizaciones subversivas y terroristas. En la actualidad el Grupo de Intervención y Rescate, GIR, lleva su nombre como un justo reconocimiento a su entrega heroica en actos del servicio. En agosto de 1984 viaja a la ciudad de Bogotá, Colombia, a participar en el III Congreso Sudamericano de Policías Uniformadas. En septiembre de 1985 viaja a la República de España a realizar el curso de Instrucción Policial. Por varias ocasiones ejerció en la institución el profesorado en las materias de Armas y Tiro y de Educación Física. En la década de los años ochenta se intensificaron las acciones delincuenciales de tinte subversivo, teniendo mayor protagonismo el grupo auto denominado "Alfaro Vive Carajo". En términos generales los delitos fueron: asesinatos, asaltos y robos a bancos y establecimientos comerciales, secuestros, colocación de bombas explosivas, narcotráfico, robo de armas en instalaciones militares y policiales, asaltos a carros blindados, entre otras violaciones a la ley. El jueves 11 de septiembre de 1986 la Central de Radio Patrullas reportó el robo de una camioneta Ford, color blanca; hecho cometido por dos individuos quienes abandonaron al propietario del vehículo, maniatado y amordazado, en el sector de Carcelén. Alrededor de las 09h30, siete individuos fuertemente armados, utilizando la camioneta robada, proceden a asaltar la sucursal del Banco de la Producción ubicada en la Av. 6 de Diciembre y Río Coca de la ciudad de Quito. Concluido el asalto y robo, tres o cuatro de los sujetos se embarcaron en la camioneta mientras otros se dieron a la fuga en diferentes direcciones. Los de la camioneta realizan un trasbordo en la calle Tomás de Berlanga a un automóvil Datsun color celeste. Personal del Servicio de Investigación Criminal observa los pasos de los asaltantes y los sigue a prudencial distancia hasta su guarida ubicada en las calles Francisco Cruz de Miranda y Mañosca, de la ciudadela Altamira, domicilio que también era vigilado por agentes de Inteligencia policial por actividades sospechosas de los AVC. De inmediato se dispone un operativo policial para cercar la casa. Los asaltantes al sentirse descubiertos abrieron intenso fuego en contra de los uniformados, hiriendo al teniente Euclides Mantilla y a dos policías. Ante la gravedad de la situación, la Policía realizó la evacuación de las personas de las casas vecinas e intentó una nueva incursión, momentos estos en los que llega el capitán Galo Miño Jarrín, quien se encontraba franco, tenía el día libre, pero al escuchar en su radio portátil lo que estaba sucediendo, a sabiendas de la peligrosidad de los subversivos y a pesar de no portar su chaleco antibalas, pero motivado por su valentía y espíritu profesional, concurre de inmediato al lugar para intervenir en el enfrentamiento. En medio del tiroteo, al intentar alcanzar un sitio estratégico en el segundo piso del inmueble, el capitán Galo Miño es alcanzado por una de las balas asesinas disparadas por los subversivos. Herido de gravedad es conducido al Hospital Militar donde minutos después informaron de su fallecimiento. Al día siguiente, viernes 12 de septiembre de 1986, luego de una misa campal, sus restos fueron depositados en el Parque de los Recuerdos. A su velación asistieron distinguidas autoridades y personalidades de connotado prestigio nacional, como el Presidente de la República, Ing. León Febres Cordero, el Ministro de Gobierno y Policía, Luis Robles Plaza, Ministros de Estado, autoridades eclesiásticas, el Alto Mando Policial y la Cúpula de las Fuerzas Armadas, prestigiosos políticos de diferente ideología, compañeros policías de todas las jerarquías en servicio activo y pasivo, autoridades y personajes deportivos, amigos y familiares. Mayor de Policía Galo Edmundo Miño Jarrín, nombre con el que se identifica al Grupo de Intervención y Rescate, GIR, una de las unidades especiales de reconocido prestigio en nuestra Patria y más allá de las fronteras, por su gran valentía y elevado profesionalismo, virtudes que fueran sembradas y cultivadas por hombres de la talla de Galo Miño, distinguido caballero de la paz que heroicamente ofrendara su vida en el sagrado cumplimiento del deber, un fatídico día jueves 11 de septiembre de 1986. Galo Edmundo Miño Jarrín fue ascendido post mortem al grado de mayor de Policía de Línea, otorgándole a la par la condecoración “Al Valor”, y también su baja del servicio activo de la Policía Nacional, por haber fallecido en actos del servicio, con fecha 11 de septiembre de 1986. El busto de su inmortal presencia, fue ubicado en la Avenida de los Héroes de la Policía Nacional, de la Escuela Superior de Policía "General Alberto Enríquez Gallo", crisol donde nacen y se forman con espíritu de gladiadores los caballeros de la paz, hombres siempre dispuestos a sacrificar sus vidas en cumplimiento del deber. CESAR EDUARDO ZEA LOPEZ MAYOR DE POLICIA Guachapala, pequeño pueblo perteneciente al cantón Paute, provincia del Azuay, era para 1951, vivía el hogar de don César Guillermo Zea Jaramillo y doña María Angélica López López, él era policía y ella estaba dedicada a atender su hogar; en este hogar nació el 26 de julio de 1951 el niño César Eduardo Zea López. Los estudios primarios los hace en la escuela “Eloy Alfaro”, la secundaria la cursó en el Normal Superior “Don Bosco”, César fue un buen estudiante y un gran deportista, el 15 de julio de 1973 se gradúa como bachiller normalista y al siguiente año ingresa como profesor en la escuela fiscomisional “Santiago”.
Para un joven bien preparado, sin vicios y deportista, el ingreso a la Escuela Superior de Policía no fue un problema, su amigo de siempre el teniente Oswaldo Montalvo Cozar, sería su apoderado y guía. En la escuela templó su carácter, aprendió las técnicas de su profesión, robusteció sus valores personales y profesionales, y en 1975 se graduó como subteniente de policía e inició una profesión que tiene como insignia y norte: servir, y hacerlo en todas las regiones de la Patria. En abril de 1976 en la iglesia de Bellavista de Ambato se caso con doña Cecilia Cruz. Su hogar fue bendecido con dos hijos: César Eduardo y Mariuxi Viviana Zea Cruz. En la década de los 70 aparecen en nuestro país manifestaciones de nuevos y más crueles delitos: atentados terroristas, secuestros, asaltos a mano armada, extorsión y narcotráfico; la sociedad ecuatoriana se conmociona y como siempre la policía da la cara y responde creando dos unidades con las mejores características técnico profesionales: el Grupo de Intervención y Rescate como Unidad Táctica y la Unidad de Investigaciones Especiales como Unidad de Inteligencia; se recluta el personal mejor capacitado en estas áreas y el capitán Zea es incorporado a la Unidad de Inteligencia. Luego de un severo proceso de entrenamiento y especialización, cumple brillantes acciones con su Unidad para derrotar al mayor mal que amenazó a los ecuatorianos en la década de los 80: la subversión y el terrorismo. En los primeros días de junio de 1989 la U.I.E.S. descubrió una banda internacional de delincuentes; en la tarde del jueves 15 de junio se planificó la captura de sus miembros; César Zea estaría al mando de una de la Unidades involucradas. Aproximadamente a las ocho de las noche recibieron información de que los delincuentes se encontraban en Pomasqui; un grupo operativo los enfrentó, la tranquilidad de la noche fue herida por ráfagas de fuego, con el saldo de un oficial y dos policías heridos y los delincuentes que fugaban en dirección a Quito, acontecimiento trágico y admonitivo de lo que vendría después. A las nueve de la noche, el grupo de antisociales llegó a la casa No. 650 de la calle Naula y penetró en ella, afuera el capitán Zea y sus hombres tomaron posiciones, un frío intenso atenazaba el ambiente; ellos a pesar de estar inquietos permanecían confiados, eran profesionales competentes que asumían los riesgos conscientemente, gente acostumbrada a actuar, hombres que habían hecho el juramento de defender a la sociedad ecuatoriana y sus derechos, no como un acto formal sino como un compromiso solemne y definitivo que estaban dispuestos a cumplir. Los delincuentes salen del local y el capitán Zea les intima prisión, él aprendió y practicó siempre el respeto a sus semejantes, incluyendo a los delincuentes, y pretendió detenerles sin el uso de las armas; la respuesta fue una locura de violencia, ráfagas de metralla endieron la noche, gritos y maldiciones, dos cuerpos que caen y los delincuentes que huyen; a la luz mortecina del sector los policías atónitos no pueden dar crédito a lo que ven sus ojos: en un gran charco de sangre yace el cuerpo acribillado de César Zea; le alcanzó, dicen los expertos, una ráfaga vertical disparada no para cubrir una fuga sino para asesinar sin posibilidades de salvación, pues los catorce proyectiles le impactan de la cabeza a los pies: murió instantáneamente. |


Ingresó a la institución policial el 15 de noviembre de 1973, y contrajo matrimonio con la señorita Norma Susana Coloma Camino el 1 de abril de 1975, con quien procreó un hijo de nombres Sócrates Manrique Arboleda Coloma, el mismo que nace en 1978.
El sueño de toda su vida se hace realidad cuando ingresa a la noble Institución Policial el 22 de mayo de 1967, en calidad de policía, prestando inicialmente sus servicios en la Unidad de Emergencia del Cuarto Distrito de la ciudad de Guayaquil, hasta el 13 de diciembre de 1968, en que es dado el pase al Comando Provincial de Policía “Pichincha” No. 1, Servicio Urbano, destacándose siempre entre sus compañeros por su carisma y profesionalismo.
No cabe duda que la imagen de futuro policía la había visto en su tierra nativa, en aquellos hombres de uniforme azul que infundían respeto y que luchaban por la paz social de su provincia.
Héctor Guillermo Cordovez Olmedo nació en la ciudad de Quito, el 26 de diciembre de 1920, Sus padres fueron don Jorge Cordovez Ricaurte, comerciante riobambeño, y doña Delia María Olmedo Arias. Se conoce que don Jorge Cordovez fue uno de los pioneros de la cinematografía en el Ecuador, pues trajo las primeras películas y fue inicialmente empresario y posteriormente copropietario de algunas salas de cine en la ciudad de Quito, como el Variedades, Popular, Edén y Puerta del Sol, de renombrada tradición en la década de los años 20.
Motivado por una profunda inspiración policial y por una gran disposición al servicio de la sociedad, el 30 de septiembre de 1971 ingresa al Instituto Nacional de Policía, Escuela de Formación de Oficiales "General Alberto Enríquez Gallo", graduándose como Subteniente de Policía el 30 de junio de 1974. En calidad de Subteniente de Policía es designado al Grupo de Tránsito de Pichincha, lugar donde forjó sus primeros ideales; conoció a una distinguida y bella dama, doña Marcia Dolores Carrera, con quien contrae matrimonio civil el 13 de diciembre de 1979, consagrándolo al creador el 15 de diciembre del mismo año, en la ciudad de Quito, tuvo una hija, María Alexandra Miño Carrera,
Un día de agosto de 1972 se despidió de su tierra y sus amigos, atrás quedaba la ciudad en cuyo seno forjó su personalidad; recibió la bendición de su madre y se fue a forjar su destino.